De la Pampa al plato: cómo se crían las reses en Argentina

Lo que distingue realmente a la carne argentina es cómo se crían las reses, qué comen, en qué condiciones viven y cómo se controla cada etapa del proceso. Te contamos todos los detalles.

Hablar de carne argentina es hablar de un modelo ganadero basado en equilibrio, eficiencia y trazabilidad. Más allá de la imagen romántica de los gauchos y las pampas infinitas, la producción vacuna argentina combina tradición y tecnología para garantizar un producto de calidad constante y sostenible, con una trazabilidad rigurosa desde el campo hasta el plato.

El país posee uno de los rodeos bovinos más importantes del mundo —más de 50 millones de cabezas—, con sistemas productivos adaptados a sus diferentes ecosistemas. Pero lo que distingue realmente a la carne argentina es cómo se crían las reses, qué comen, en qué condiciones viven y cómo se controla cada etapa del proceso.

Un entorno privilegiado, pero gestionado con precisión

La llamada Pampa Húmeda, que abarca parte de Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, es el corazón ganadero de Argentina. Suelos fértiles, abundancia de pasturas naturales y clima templado conforman un entorno ideal para la cría a pasto, pero las explotaciones actuales no se basan solo en las condiciones naturales.

Hoy, el manejo del pastoreo se apoya en rotación planificada de potreros, siembra de pasturas de alta calidad (alfalfa, festuca, trébol) y control riguroso del estado corporal del animal. El objetivo es mantener un equilibrio entre productividad, bienestar animal y conservación del suelo.

Este manejo controlado permite producir carne de excelente calidad sin recurrir de forma intensiva a piensos concentrados, garantizando una grasa más saludable y un sabor característico, con menor impacto ambiental.

cadera o corazón de cuadril

Etapas de la producción: cría, recría y engorde

El ciclo de producción bovina argentina se divide en tres fases, cada una con un enfoque técnico específico:

Cría: las vacas madres paren terneros que permanecen a su lado entre 6 y 8 meses. Durante esta etapa, el manejo prioriza la sanidad, la alimentación a pasto y el bienestar. La selección genética busca animales con buena conformación carnicera, eficiencia reproductiva y rusticidad.

Recría: una vez destetados, los animales crecen en pasturas naturales o cultivadas. Aquí se busca un desarrollo equilibrado, sin exceso de grasa, mediante una alimentación natural con suplementación mínima (granos o silos) según la región y la estación.

Engorde o terminación: puede realizarse de dos formas principales: en sistemas pastoriles, donde la carne conserva su perfil magro, con menor contenido graso y sabor más herbal, o en feedlots o corrales de engorde, donde los animales reciben dietas balanceadas con maíz, soja y heno durante los últimos 90 a 120 días, lo que mejora el marmoleado y la terneza del producto final.

Muchos productores optan hoy por sistemas mixtos o semi-intensivos, que combinan la recría a campo con una fase final de engorde en corral para alcanzar la textura y el rendimiento que demanda el mercado internacional.

 

Rigor sanitario y trazabilidad

Argentina cuenta con uno de los sistemas sanitarios más avanzados de la región, supervisado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Cada animal se identifica desde su nacimiento con caravanas electrónicas y registros individualizados, lo que permite rastrear su procedencia, alimentación y tratamientos veterinarios.

Los establecimientos habilitados para exportación —especialmente los que proveen carne premium— cumplen protocolos internacionales de bienestar animal, control de residuos y bioseguridad, auditados por organismos nacionales y por los países importadores. Esta trazabilidad total es uno de los factores que ha permitido mantener la reputación de la carne argentina en los mercados más exigentes, como la Unión Europea, Reino Unido o Japón.

Genética y selección de razas

Las razas británicas, principalmente Aberdeen Angus y Hereford, dominan el rodeo argentino por su capacidad de adaptación y por la calidad de su carne. A estas se suman razas cruzadas como Brangus o Braford, diseñadas para zonas más cálidas y húmedas del norte.

Los programas de mejora genética se centran en eficiencia alimentaria, calidad de canal, marmoleado y rendimiento, aplicando técnicas de inseminación artificial y selección genómica. Gracias a estos avances, la carne argentina combina uniformidad, textura y sabor equilibrado, adaptándose a las exigencias de los restaurantes y mercados internacionales que valoran la constancia en la calidad.

cadera o corazón de cuadril

Sostenibilidad y bienestar animal

En los últimos años, la ganadería argentina ha reforzado su compromiso con la sostenibilidad ambiental. Se promueven prácticas como el manejo rotativo de pasturas, el uso de energías renovables en los establecimientos y la reducción de la huella de carbono mediante sistemas silvopastoriles.

En materia de bienestar, se aplican protocolos internacionales (como los de la OIE y el INTA) que aseguran que los animales vivan en condiciones de bajo estrés, con acceso permanente a agua y sombra, y que el transporte y la faena se realicen siguiendo criterios humanitarios. Estos estándares no solo mejoran la imagen del producto, sino que también influyen directamente en la calidad de la carne, reduciendo el pH postmortem y mejorando la terneza natural.

 

Del campo al restaurante: control de calidad y maduración

Una vez faenadas, las canales se someten a procesos de maduración controlada, ya sea en cámara (maduración húmeda) o al vacío, para potenciar el sabor y la textura. Solo después de cumplir con los controles sanitarios y de calidad se destinan a la exportación o al mercado gourmet. En el caso de las carnes argentinas premium, los distribuidores certifican el origen, raza, tipo de alimentación y maduración, asegurando a los restaurantes una trazabilidad absoluta.