Cómo diseñar un menú degustación con carne argentina
Diseñar un menú degustación es un reto creativo para cualquier chef o restaurante. Pero cuando la protagonista es la carne argentina, las posibilidades gastronómicas se multiplican. Su calidad y su variedad permiten crear propuestas exquisitas y equilibradas que remarquen su sabor profundo, su textura tierna y su excelente jugosidad. Para construir un menú degustación que la ponga en valor es necesario combinar técnica, criterio gastronómico y conocimiento de los distintos cortes argentinos premium. Te contamos cómo hacerlo.
Antes de diseñar el menú conviene analizar qué cortes aportan mayor versatilidad y cuáles permiten crear pasos diferenciados. La carne argentina ofrece piezas ideales tanto para preparaciones rápidas (entraña, picaña, bife angosto) como para cocciones prolongadas (vacío, colita de cuadril, cuadrado). Conocer el perfil de cada corte (fibrosidad, grasa intramuscular, intensidad de sabor, rendimiento…) permite construir un recorrido equilibrado. No se trata de servir más carne, sino de utilizar cada pieza en su mejor versión culinaria.

Un buen menú degustación debe incluir variedad: cortes magros frente a cortes más untuosos; piezas con sabor suave combinadas con otras más profundas; texturas delicadas contrastadas con bocados intensos. Esto genera dinamismo y evita la sensación de repetición, incluso cuando toda la proteína principal procede del vacuno argentino.
Estructurar un menú degustación
En un menú degustación con carne argentina es recomendable seguir una progresión organoléptica ascendente. Los primeros pasos pueden apoyarse en cortes elegantes y preparaciones ligeras que despierten el paladar sin saturarlo. Por ejemplo, un carpaccio de bife de chorizo madurado, un tartar de lomo fino o una pequeña porción de colita de cuadril asada en su punto justo pueden funcionar como introducción suave y refinada.
A medida que avanza el menú, se pueden incorporar cortes con mayor presencia aromática, como la picaña o la entraña, en formatos pequeños que no compitan entre sí. La parte final del recorrido suele estar reservada para una pieza icónica, como el ojo de bife o un bife ancho con ligero marmoleo, cocinados a la brasa o al grill para enfatizar su carácter argentino. El cierre debe ser memorable, pero también cuidadoso: un exceso de grasa o una porción demasiado generosa podría desequilibrar el conjunto.
Jugar con las técnicas de cocinado para crear contrastes
Uno de los errores más comunes al diseñar un menú degustación basado en carne es confiar únicamente en la parrilla. Aunque esta es la técnica más emblemática de la gastronomía argentina, limitarse a ella puede reducir la creatividad y generar monotonía. La carne argentina premium responde de forma excelente a cocciones mixtas, técnicas contemporáneas y elaboraciones de alta cocina.
Entre las opciones más interesantes se encuentran la cocción a baja temperatura (ideal para el vacío o la tapa de asado), el sellado rápido y posterior horneado en piezas magras, el ahumado suave con maderas frutales y técnicas modernas como el tataki, el marinado o la maduración húmeda. Combinar métodos permite ofrecer al comensal una experiencia variada sin perder coherencia.
Además, la proteína puede incorporarse finamente laminada, en formato de bocado, como fondo para caldos, o como protagonista en dos texturas. La clave está en equilibrar intensidad y ligereza para mantener el interés de un plato a otro.
Tiempos, raciones y armonización
Un menú degustación con carne argentina debe ser preciso en sus cantidades. Trabajar con porciones pequeñas y bien calibradas es fundamental para que el comensal pueda disfrutar de la progresión completa sin sensación de pesadez. El tamaño de cada bocado debe adaptarse al corte: algunos demandan mayor presencia en boca (como el ojo de bife), mientras que otros funcionan mejor en cortes finos o porciones minimalistas (como la entraña o la picaña).
La armonización también juega un papel importante. La carne argentina suele maridar de manera natural con vinos tintos de cuerpo medio a alto, especialmente Malbec, Cabernet Franc y Bonarda. Sin embargo, apostar por combinaciones menos obvias (como vinos de crianzas cortas, blancos fermentados en barrica o incluso espumosos brut nature) puede aportar originalidad al menú y ayudar a limpiar el paladar entre pasos.
Finalmente, un menú degustación con carne argentina debe tener un hilo narrativo. Puede girar en torno a los distintos cortes, a las técnicas de cocina, al recorrido por zonas productoras, al origen de las razas o incluso a la vida del asado en la cultura argentina. Un relato cohesionado convierte la propuesta en una experiencia memorable y diferenciada, y refuerza el valor del producto como parte esencial de la identidad del restaurante.